Una buena de tabla de quesos puede solucionarnos un aperitivo o una cena. Os dejemos algunos consejos para elaborarla.

En primer lugar hay que tener en cuenta la época del año ya que la temperatura ambiente y la humedad del verano pueden afectar de forma distinta a los quesos.

El número de comensales también es fundamental, al igual, que decidir si la tabla va a ser un aperitivo o el plato principal.

Se recomienda que como mínimo presentar cuatro variedades, aunque lo aconsejable suele estar entre cinco y ocho diferentes.

Las tablas de quesos deben representar las principales variables: animal del que procede la leche, textura, tipo de corteza, maduración o intensidad.

Hay que recordar que cada queso tiene un tipo de corte y una forma correcta de servirlo. En general, la cuña o el rectángulo son el formato más adecuado para quesos tiernos, semiduros o duros, conservando la corteza. Si son blandos o untables, hay que servirlos en tarrinas o pequeños recipientes. Los muy maduros se presentan en cortes más finos.

Es muy importante sacar de la nevera los quesos, como mínimo, una hora antes de comerlo ya que la nevera mata el sabor y la textura de los quesos.

Para finalizar también se recomienda utilizar una tabla de madera o un plato de pizarra para servirlos. La degustación será mejor si va acompañada de una buena selección de panes, mermeladas o compotas.

 

 

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